Se viene el 5G: ventajas y peligros de la nueva revolución tecnológica

Las redes 5G ya comenzaron a funcionar moderadamente en Estados Unidos y algunos países de Europa. En la Argentina, su desembarco se estima para 2021 o incluso 2022. Se cree que en los próximos años esta tecnología provoque un cambio capital en la vida diaria, iniciando una nueva Revolución Industrial, basada principalmente en la conexión entre dispositivos, la robótica y el Internet en los objetos.

Esta red, que permite un intercambio de datos hasta cien veces más rápido, permitirá una serie de ventajas y funciones entre las que se pueden contar el control en tiempo real de la calidad del aire; reaccionar cuanto antes cuando sucede un accidente de tráfico; prevenir enfermedades (si se detecta que alguna constante vital se ha alterado) o que la calefacción funcione sólo si hay alguien en casa.

Claro que, junto a estas ventajas, surgen también nuevos peligros o se potencian otros ya existentes, desde los efectos nocivos en la salud que genera estar rodeados de objetos que transmiten datos constantemente, hasta la amenaza de un ataque informático a gran escala, sin olvidar el siempre latente miedo al final total de la privacidad.

La Unión Europea ya anunció que las redes 5G serán «la columna vertebral de nuestras sociedades y economías y conectarán miles de millones de objetos y sistemas, entre los que se encuentran sectores fundamentales como la energía, el transporte, la banca y la sanidad, así como sistemas de control industrial que contienen información delicada y sirven de respaldo a los sistemas de seguridad».

Las redes 5G supondrán la instalación en nuestra vida diaria de la inteligencia artificial. Prácticamente todos los objetos, domésticos o profesionales, estarán conectados entre sí: desde la heladera hogareña o el coche familiar, a toda la maquinaria de una fábrica. También la información oficial: redes de edificios públicos, servicios, infraestructuras, cuerpos de seguridad.

Pero esta interacción total supone riesgos serios. Cualquier ataque a un país europeo afectaría a los demás, por lo que la UE ya encargó a todos los estados miembros una evaluación nacional de riesgos y se preparan unas pautas de intervención europea. Por ejemplo, si una torre de la red 5G cercana a un aeropuerto o un centro militar resultase hackeada podría resultar en un incidente grave.

Razones para preocuparse no faltan. Basta recordar el escándalo político que supuso el uso que hizo la empresa Cambridge Analytica de los datos de 87 millones de usuarios de Facebook. La empresa se valió de 5.000 datos de cada votante estadounidense, los analizó para prever su comportamiento y saber a cuántos de ellos podía convencer para que votasen a un candidato concreto. Luego, envió a dichos votantes publicidad dirigida a influir en su voto.

Justamente Estados Unidos ha reconocido los riesgos de esta tecnología en su disputa con la multinacional Huawei, una de las más avanzadas en la infraestructura de redes móviles 5G, al considerar que el gobierno chino utiliza los dispositivos de esta empresa para espiar a otros países. El presidente estadounidense, Donald Trump, llegó a prohibir a las empresas de su país cualquier trato con Huawei, aunque luego se echó atrás con el veto.

La preocupación proviene del hecho de que empresas chinas gestionan buena parte de las redes de comunicación mundiales y, por lo tanto, pueden tener un hipotético acceso al transporte, redes eléctricas, gestión del agua y las comunicaciones vía satélite de numerosos países, algo muy peligroso para la seguridad interna de cualquier nación, ya que China tiene vigente una ley que permite a los servicios secretos solicitar cualquier información a cualquier empresa.

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