Este año ya tuvo más femicidios que días. Según datos del Observatorio Lucía Pérez, hasta este miércoles se registraron 44. El último, el de Úrsula Bahillo en Rojas, conmocionó a la Argentina porque, como tantos otros, podría haberse evitado con algún tipo de accionar judicial.

La joven de 18 años había denunciado al menos cinco veces a su exnovio Matías Ezequiel Martínez, un oficial de la Policía bonaerense que estaba bajo tratamiento psiquiátrico desde septiembre y a quien la Justicia le había impuesto una restricción de acercamiento.

El cuerpo de la víctima fue encontrado el lunes por la noche en unos pastizales en un campo ubicado a la altura del paraje Guido Spano.

Familiares, amigos y vecinos de la adolescente asesinada despidieron sus restos este miércoles y reclamaron justicia. El martes, el ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni se reunió con los papás de la víctima. Horas después, Asuntos Internos, dependiente de esa cartera, ordenó la intervención de la Comisaría de Rojas y también de la seccional de la Mujer. Mientras avanza la investigación del crimen, los jefes de la seccional fueron desplazados.

Las autoridades colocarán el foco en la actuación de las sedes frente a las denuncias que había formulado Úrsula. Es que, de acuerdo a los dichos de Patricia Nasutti, la mamá de la joven, la última vez que se acercaron a la Comisaría de la Mujer porque Martínez había violado la perimetral, le dijeron a su hija que no tomarían la denuncia porque los fiscales “no trabajaban el fin de semana”.

El presunto femicida había sido denunciado por violencia de género y la Justicia le había impuesto la medida el 5 de febrero. El crimen, cometido el lunes, se descubrió tras un llamado al 911 en el que un tío del propio imputado refirió que creía que su sobrino había matado a una joven, porque le había confesado en un llamado que “se había mandado una cagada”.

Crónica de un femicidio anunciado

La denuncia contra Martínez, de 25 años, la inició el 9 de enero la mamá de Úrsula. En la Comisaría de la Mujer local contó que el policía golpeaba a su hija. Ante eso, se dio intervención al fiscal Sergio Terrón, del Departamento Judicial de Junín. En esa oportunidad, el juez de Paz Luciano Callegari “dispuso medidas de protección en la urgencia, perímetro de exclusión y cese de hostigamiento por seis meses”, según consta en los oficios policiales que consignó la agencia Télam.

El lunes 1° de febrero, Patricia volvió a la comisaría para declarar que se había cruzado dos veces en la calle a Martínez, pero la justicia de Paz desestimó el testimonio. El viernes 5 de febrero, la misma Úrsula denunció al agresor en la Comisaría de la Mujer por “desobediencia y amenazas e infracción a la ley 12569 de violencia familiar”.

Un día después, el sábado 6 de febrero a la madrugada, la joven volvió a presentarse en esa seccional para denunciar que se había cruzado con Martínez en el pub Malcriada. Al día siguiente, a las 21 fue otra vez a la comisaría y alertó que Martínez la había interceptado en Avenida 3 de Febrero y 25 de Mayo. En esa oportunidad, según consta en el oficio policial, se solicitaron cámaras de monitoreo.

Ese episodio fue el último que denunció antes de que la asesinaran. En unos audios a los que accedió Telenoche, la joven le contó a una amiga la situación: “Me amenazó, me dijo que quería hablar conmigo y que me bajara de la moto”. “Yo tengo una perimetral y él la rompió, por eso fui a denunciarlo de nuevo”, explicó. “Ay, amiga, ¿en serio lo viste? Necesito testigos. Cuando lo vi, fui directamente a la comisaría a denunciarlo. ¿Lo viste? Me volvió el alma al cuerpo”, expresó.

Úrsula tenía miedo. No solo quedó evidenciado en las denuncias que dejó asentadas en la Justicia, sino que, además, se lo había manifestado a sus allegados. “No doy más, amiga, no doy más. Te juro que estoy muy triste. Me dijo que me va a matar, no aguanto más”, le contó el 16 de noviembre de 2020 entre lágrimas a una amiga, pocos meses antes de ser asesinada a puñaladas.

Además, el martes también se conocieron una serie de chats que dejan en evidencia que el acusado golpeaba y maltrataba a la víctima y la tenía amenazada de muerte. “Siete meses me pegó, me callé siempre, hasta que me vi muerta, por eso lo denuncié”, escribió Úrsula.

En otra de las conversaciones, la joven le relató a su amiga un terrible episodio de violencia de género que le tocó vivir en manos de Martínez, que en ese entonces era su pareja. “Estoy temblando. No me respondas nada de lo que te digo. Me re cagó a palos, pero mal. Y esta vez fue muy posta”, comenzó diciendo y continuó explicando que pasaron juntos por una calle donde él estaba trabajando de albañil con el tío y que había dos chicas, una la miró y le dijo: “Mirá la cornuda”. Frente a esto, la joven reveló que insultó a su novio y él la golpeó.

Finalmente, el lunes 8 de febrero, el mismo día en que Úrsula fue asesinada a puñaladas, un juez de Paz de esa ciudad bonaerense ordenó al municipio que le dieran un botón antipánico. Fue en un correo electrónico que nadie abrió durante esa jornada. El Ministerio de Seguridad no le entregó el dispositivo a tiempo “por no tener disponibles”, según consignó Télam.

La adolescente de 18 años fue encontrada asesinada el lunes por la noche en unos pastizales en un campo ubicado a la altura del paraje Guido Spano, a unos 13 kilómetros de la ciudad del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Los investigadores buscan determinar si el acusado la citó en ese lugar o bien pactaron un encuentro para hablar de cuestiones de su antigua relación y las denuncias que ella había radicado.

Fuente: TN.com.ar

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