Italia agrega el estudio del cambio climático a la currícula escolar

Italia introducirá en su currícula escolar una asignatura obligatoria sobre la crisis climática y se convertirá así en el primer país del mundo en encarar el problema desde la infancia.

Los alumnos de la educación elemental, entre 6 y 19 años, deberán estudiar desde el próximo curso académico una materia sobre temas relacionados con la emergencia climática y el desarrollo sustentable.

La asignatura sumará 33 horas en todo el año, una por semana, y su programa se basará en los 17 objetivos para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Muchas materias tradicionales, como geografía, matemáticas y física, también se estudiarían desde esa perspectiva.

El ministro de Educación, Lorenzo Fioramonti, ha señalado en sus redes sociales que su deseo es que “Italia se convierta en un líder contra el cambio climático”. Por ello pretende convertir a su país en el primero “en hacer del desarrollo sostenible la piedra angular de su nueva política educativa y de investigación”.

La iniciativa italiana se anunció apenas tres días después de que más de 11.000 científicos de todo el mundo advirtieran que es inevitable «un sufrimiento humano sin par» a menos que se tomen medidas radicales contra el cambio climático.

«Sobre la base de la información que tenemos, es claro que encaramos una emergencia climática», dijo Thomas Newsome, de la Universidad de Sydney, en Australia.

Desde 1979, cuando se realizó en Ginebra la primera Conferencia sobre Cambio Climático, que los científicos participantes vienen difundiendo la amenaza de este fenómeno, advirtiendo a Gobiernos y a corporaciones sobre la necesidad de adoptar medidas para moderarlo.

Sin embargo, los expertos expresaron cierto optimismo al resaltar que hay «un reciente aumento de la atención a este problema”, y que «los organismos gubernamentales formulan declaraciones de emergencia climática. Los escolares hacen huelgas. Los tribunales procesan demandas por daño ambiental. Los movimientos ciudadanos demandan cambios, y muchos países, estados y provincias, ciudades y empresas responden«.

¿Qué pasa en Argentina?

En Argentina, las consecuencias del cambio climático son notables. Según la región, la temperatura subió entre 0,5 y 1 °C. Hay zonas de provincias como Río Negro, Chubut, San Juan, Mendoza o Entre Ríos donde la temperatura promedio está 1 °C arriba que hace medio siglo.

“Si a nivel global siguiéramos con los mismo niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, el máximo aumento de temperatura será en el Norte y Noroeste de nuestro país, con temperaturas promedio, para el período 2081-2100, 5 °C más altas que las promedio del corte 1986-2005”, explica Inés Camilloni, experta del Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera de la UBA y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

Pero no hay que esperar años para ver los devastadores efectos. El daño del cambio climático en el país se evidencia con tormentas fuera de lo común, inundaciones y olas de calor.

En el caso de la Ciudad y el Gran Buenos Aires, las consecuencias próximas son inundaciones y avance del dengue, dado que se proyecta que las precipitaciones y el nivel del Río de la Plata seguirán aumentando a lo largo del siglo.

“El Río de la Plata ya subió 20 centímetros desde los primeros registros. Si sigue creciendo, el riesgo de inundaciones en la cuenca baja de los ríos Matanza, Riachuelo y Reconquistas será mayor”, advirtió Enrique Maurtua, a cargo del área de cambio climático de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

A esto se suma la frecuencia e intensidad de las olas de calor. “Con temperaturas más cálidas y condiciones más húmedas, aumenta el riesgo del avance de vectores, como el mosquito del dengue o la vinchuca, por ejemplo”, agregó Maurtua.

En tanto, en la región centro, así como en el litoral y la pampa húmeda, sufrirían sequías prolongadas y olas de calor, mientras que en el Noroeste se evidenciarían temperaturas extremas y escasez de agua.

En el caso de Cuyo, se padecerá un fenómeno de deshielo y menos disponibilidad de agua, al tiempo que en la estepa patagónica las temperaturas producirán desertificación y erosión costera.

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