Coronavirus: cada uno decide qué hacer…

Por Norma Pimienta

Oportunidad única: de aquellas que sólo algunas veces en la historia de la humanidad se nos presentan. Se expandió, se globalizó, se multiplicó su visibilidad mediática, extrapolando las miserias más recónditas del ser humano, en la actualidad. Fin de los tiempos, lo llaman algunos…
Cuando una persona se toma como garrapata de lo que escucha, lee o le dicen, no hace más que “resonar” con aquello que encuentra a su paso.

La resonancia no es más que emitir pensamientos y emociones que vibran en igual frecuencia que aquello que estoy escuchando o leyendo: busco mentalmente (por redes neuronales) aquello que me es “conocido” y me apego a ello desde lo que pienso, siento, digo y hago. Esa coherencia entre lo que me “están contando” y lo que “tengo dentro” configura una resonancia o vibración de similares características.

Ahora bien: ¿qué hace que un virus inventado (por mutación, en un laboratorio específico, un día determinado, patentado oficialmente y resguardado por un laboratorio para vender la vacuna correspondiente cuando lo considere oportuno) resuene con tanta fuerza en las mentes de miles de millones de personas? . Hay algo que está resonando con fuerza; es algo que está grabado a fuego en las mentes de las personas. ¿Qué es? EL MIEDO, con la consecuente pérdida absoluta del poder personal que viabiliza otras respuestas a los eventos que escuchamos, leemos o nos cuentan.

Por ejemplo, podría uno elegir no asustarse, mantenerse neutral ante la información agresiva de los medios, posicionarse en un estado mental de seguridad y mantener la calma. Pero para eso hay que conocerse, respetarse y desconocer qué es el miedo. Pero como los seres humanos no podemos vivir sin sentimientos, hay que sustituir el miedo por otra cosa; por ejemplo, el Perdón, la compasión, la tolerancia, la armonía, el amor a uno mismo para poder amar al prójimo y fundamentalmente, una consciencia de Unidad que evite que una mente fragmentada se idiotice ante la emoción desbordada de miedo irracional.

El miedo es la emoción que subyace a todo el sistema de cognición imperante en el mundo; tras él se esconden, sigilosas, las enfermedades, la inseguridad, las crisis humanitarias, el desplome financiero, el endeudamiento global, la pobreza, la represión, los femicidios y toda plaga humana devenida de la idea de separatividad y desconsuelo.

Si usted tiene alguna fuga energética en este momento, producto de heridas emocionales no cerradas, reprimidas o sublimadas, vaya preparando un barbijo… Si usted ha hecho bien los deberes (que sólo a eso hemos venido a este planeta expiatorio) y ya ha cerrado sus “cuitas” con su mamá y su papá, desarrolla una tarea al servicio de los demás, es abundante en afectos y alegría y no desea nada porque confía en sí mismo, en la Vida y en los demás, despreocúpese: salga a la calle , respire hondo, y ayude a los que le pregunten cómo hace para ser feliz. Esa es la manera en que podemos ( y debemos) compensar tanta inoculación de miedo idiotizante que sólo tiñe las neuronas de gris opaco, sumergiendo a cada vez más personas en la densidad de un planeta destinado a brillar. Hecho está.

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